Muchas veces, los cónyuges que nos contactan no tienen claro con qué régimen económico matrimonial cuentan. La determinación del régimen económico matrimonial no es algo que carezca de importancia, pues a nadie se le escapa que, entre otras cosas, será un elemento clave en el reparto de los bienes tras el divorcio.

Pongamos el caso extremo de un matrimonio en que uno de los cónyuges, tras el matrimonio, ha logrado hacer una fortuna millonaria y el otro cónyuge, en cambio, cuenta con los ingresos normales de un trabajador español medio. En el momento de divorciarse, si ese matrimonio se regía por gananciales, deberá dividirse automáticamente el patrimonio de ambos cónyuges entre dos. Es decir, todo lo conseguido por los cónyuges durante el matrimonio (independientemente de la persona que lo haya conseguido) se pondría “en el mismo saco” y se dividiría entre dos. En cambio, si el sistema es el de separación de bienes, el cónyuge millonario conservaría su fortuna de la cual ha sido titular de forma privativa durante todo el matrimonio (sin entrar en eventuales pensiones de alimentos, compensatorias, etc).

En cualquier caso, los cónyuges podrán disponer sobre su régimen económico matrimonial si así lo pactan ante notario en capitulaciones matrimoniales. Pero en la mayoría de ocasiones no se produce este pacto y es cuando surgen las dudas. Saber, por tanto, si nuestro matrimonio se rige por uno u otro régimen económico matrimonial es una cuestión de relevancia notable. Ya sabemos que hay Comunidades Autónomas con Derecho Foral tienen una regulación propia sobre este asunto. Sería el caso de, entre otras, Baleares y Catalunya, que tienen la separación de bienes como el régimen por defecto, mientras que la mayoría de territorios de España se rigen por lo dispuesto en el Código Civil (Derecho Común)  que impone gananciales como el régimen aplicable en defecto de pacto.

El art. 9.2 del Código Civil es el que establece las reglas sobre el régimen económico matrimonial en caso de ausencia de pacto. Así, deja claro que los efectos del matrimonio se regirán:

  • por la ley personal común de ambos cónyuges en el momento de contraer el matrimonio. Es decir, dos personas de Catalunya con vecindad civil catalana se casarán en separación de bienes aunque no lo hayan pactado y aunque se casen y vayan a residir fuera de Catalunya.
  • En defecto de ley personal común (una persona de Madrid y otra de Catalunya), por la ley personal o de la residencia habitual de cualquiera de ellos, elegida por ambos en documento auténtico otorgado antes de la celebración del matrimonio.
  • A falta de esta elección, por la ley de la residencia habitual común inmediatamente posterior a la celebración. Por ejemplo, en el caso del matrimonio madrileño-catalán, si fueran a residir en Madrid, se regirían por gananciales.
  • A falta de esta residencia, por el lugar de celebración del matrimonio. Pongamos que este matrimonio va a tener que estar viajando por motivos laborales y no pueden establecer un domicilio común en territorio español. En defecto de pacto, y de no ser aplicables todos los puntos anteriores, se les aplicará la ley del lugar de celebración del matrimonio (si fue en Madrid, gananciales; si se casaron en Catalunya, separación de bienes).